jueves, 8 de enero de 2009

Síndrome Hermógenes


El 2008 se anunciaba como un año de fin de ciclos. Y en el último día, llegó uno de los más impresionantes: el retiro del mascarón de proa del pinochetismo, Hermógenes Pérez de Arce. Según su última columna, se irá a disfrutar del sur, un pasatiempo prohibido mientras debía encarar la escritura semanal.

Lo interesante es lo que deja en evidencia su partida, concediéndole, como noble contendor, el beneficio de la verdad en que se siente abandonado por quienes, hasta hace muy poco, pensaban como él y hoy se apuntan con Sebastián Piñera.

De ser así, es una pésima noticia. Que hasta el más incansable de los peleadores, defensor muchas veces de lo indefendible, estime que no se justifique dar una batalla adicional por las ideas, sólo nos habla del triste estado de la política chilena.

Piñera y Eduardo Frei son las únicas dos opciones con reales posibilidades de llegar a La Moneda, salvo que algún movimiento ciudadano o fenómeno al estilo de Leonardo Farkas logre tal elevación que sorprenda y se cuele en el "duopolio" de la elección.

Asombra ver cómo hasta quienes están en contra en sus respectivos sectores deciden que es mejor no alzar la voz, y encolumnarse detrás del candidato o, al menos, no estorbarle su avance. ¿Es tal el "fin de la historia" en Chile que ya no importa quién represente las mejores ideas para nuestro país?

El "miedo a perder", en todo caso, viene desde los orígenes de nuestra República, en la que se han formado las alianzas más inverosímiles con tal de poder alcanzar una tajada de poder, recordando que, salvo un breve período, siempre el poder ha estado asociado con la Presidencia.

Pero hoy, cuando es más necesario que nunca escuchar muchas voces, pareciera que sólo tendremos derecho a dos escogidas de antemano y sin consulta popular. Para quienes quisiéramos participar, informarnos y votar por quien proponga las ideas más acordes a nuestro pensamiento, son pésimas noticias.

Quedan dos alternativas: los que pueden, cojan un bus al sur e instálense a pescar, con la vista majestuosa de los volcanes de fondo. Y los que no, instalémonos en el Cibersur, luchando porque pronto los políticos chilenos aprendan que la única forma de renovar de verdad a la ciudadanía es permitiendo el debate, sin sellar acuerdos entre cúpulas, cuatro paredes y los asientos de un avión.

miércoles, 7 de enero de 2009

El Obama chileno


Estados Unidos, enero de 2008. Quedan 11 meses para las elecciones presidenciales, y en los dos mayores partidos, el Demócrata y el Republicano, hay cerca de una decena de aspirantes para ser el abanderado de cara a los comicios. No entre ambos: en cada uno.

Chile, enero de 2009. Quedan 12 meses para las elecciones presidenciales, y en las dos principales coaliciones, la Concertación y la Alianza, la leche ya está casi cocida. Todos, o casi todos, se cuadraron detrás del "mejor candidato", que en palabras de sus propios dirigentes, es quien le puede ganar al postulante de la otra coalición.

Lo peor: la diferencia no es sólo en las cifras.

No es que Estados Unidos sea, precisamente, el mejor ejemplo de democracia. Pero el año pasado dio una lección, al ungir a dos candidatos, Barack Obama y John McCain, que se ganaron su nominación a pulso. No eran los favoritos. Ninguna encuesta daba un peso por ellos a nivel nacional. Y, sin embargo, montaron una estructura de campaña, lucharon, y ganaron.

¿Por qué habrían de darse por perdidos antes de empezar? ¿Por qué, si lo que están en juego son ideas sobre cómo conducir un país -y no sólo quién lo va a hacer-, aquellos aspirantes que están en desventaja deberían renunciar sin dar a conocer sus ideas?

José Miguel Insulza y Soledad Alvear en la Concertación. Las presiones sobre Evelyn Matthei y José Antonio Kast en la Alianza. Nuestros políticos hablan del cambio, pero nadie se atreve a salir con las banderas en alto, a luchar por una idea, a dar la pelea aún sabiendo que se puede perder, pero con fe en los ideales.

Uno de los famosos libros de Barack Obama se titula "La audacia de la esperanza". Algo que refleja muy bien su vida, su candidatura, y que deberían leer de una vez por todas los dirigentes que estorban el paso de aquellos que buscan competir.

OK, Trivelli es un lunático. Pero quiere hacerlo. ¿Por qué no darle un espacio? José Antonio Gómez está cada vez más solo en su lucha contra los molinos de viento. ¿Pero por qué no permitirle que luche? Los diferentes terminan saliéndose para enfrentar sus apuestas por fuera, como Alejandro Navarro o Adolfo Zaldívar. Pero tampoco dan la pelea desde dentro, porque no pueden y porque no quieren arriesgarse a perder.

El Obama chileno, venga de donde venga, deberá ganarle a los molinos gigantes, al establishment, a los que creen que dos mil millones de pesos son tres chauchas y a los que piensan que comprar acciones de una empresa después de una reunión de directorio no cae dentro del uso de información privilegiada.

Pero, por sobre todo, deberá vencer a su propio temor. Y me temo que, por ahora, sería demasiado audaz depositar una esperanza en que alguien lo hará.

Antes que eso, se aprobará una ley que elimine las elecciones. Y designe al puntero en las encuestas como el próximo Presidente. Fácil, rápido y cómodo.

martes, 6 de enero de 2009

Pepe Auth, el personaje del año


A olvidarse de los nombres en carrera. Si uno remueve el fango, uno, y solo uno, es el gran personaje político chilensis de 2008: Pepe Auth.

En seis meses, consiguió remover a la Concertación, botó dos candidaturas presidenciales e instaló, con su apoyo, al hombre que peleará codo a codo y peso a peso con Sebastián Piñera por las llaves de La Moneda. Y todo sin moverse de su escritorio.

El respeto por sí mismo no es un valor cultivado por el líder PPD. La primera prueba: Pepe no es sólo su apodo, sino su nombre legal. Se lo cambió porque nadie lo reconocía como José cuando postulaba. Lo cual, a la vez, delata otra de sus características: su inefable ojo para las candidaturas.

Durante años, fue catalogado como uno de los más brillantes analistas de campaña de la Concertación. Su estrategia, trabajada junto a René Jofré (otro mago de esa área), le valió al PPD ser el partido que más diputados sacó con menor votación. Un Bielsa de los cálculos electorales.

Pero cuando a mediados del año pasado asumió al frente del hasta entonces moribundo PPD, pocos imaginaron cuán decisivo sería en el panorama concertacionista de cara al 2009. Desafiando los cánones, impulsó que el conglomerado del arcoiris fuera en dos listas separadas para concejales en la elección municipal. Más candidatos, más votos. Y mantuvo la mayoría, aunque sólo para la foto. Pero mayoría al fin y al cabo.

De refilón, le propinó el peor resultado a la DC en muchos años, y bajó a Soledad Alvear de la carrera presidencial, mientras las voces cercanas a la Chol querían llevar al patíbulo a don Pepe. Él siguió incólume.

Su primer objetivo era colocar a Ricardo Lagos como contendor de Piñera. No lo logró, en buena parte debido a los ataques del ala del PS liderada por Camilo Escalona. Pero con Auth, el PPD ya no es el "hermano menor". Es un partido diferente, que puede sorprender.

Hizo lo que nadie esperaba: apoyó a Eduardo Frei. Creó un hecho político. Y aunque era minoría dentro de su partido, el golpe de efecto fue tal que el tanque del Pánzer, José Miguel Insulza, quedó varado incluso antes de partir.

Su sombrero le quita seriedad. En Wikipedia se refieren a él como "ex embajador en Disneylandia". Sus métodos son, a lo menos, cuestionables, como el entrenador que juega sólo buscando el resultado. Pero Pepe Auth tiene una fortaleza indiscutible: es uno de los pocos que ha creído siempre que la Concertación puede derrotar a Piñera.

Reconociendo en Pepe Auth a un aventajado discípulo de Maquiavelo, si Frei logra retornar a los balcones del edificio presidencial, al menos deberá concederle una oficina con vista privilegiada. Por los favores concedidos. Y por una maquinación que nada tiene que envidiar a los mejores complots políticos del Primer Mundo. Made in PPD.