miércoles, 7 de enero de 2009

El Obama chileno


Estados Unidos, enero de 2008. Quedan 11 meses para las elecciones presidenciales, y en los dos mayores partidos, el Demócrata y el Republicano, hay cerca de una decena de aspirantes para ser el abanderado de cara a los comicios. No entre ambos: en cada uno.

Chile, enero de 2009. Quedan 12 meses para las elecciones presidenciales, y en las dos principales coaliciones, la Concertación y la Alianza, la leche ya está casi cocida. Todos, o casi todos, se cuadraron detrás del "mejor candidato", que en palabras de sus propios dirigentes, es quien le puede ganar al postulante de la otra coalición.

Lo peor: la diferencia no es sólo en las cifras.

No es que Estados Unidos sea, precisamente, el mejor ejemplo de democracia. Pero el año pasado dio una lección, al ungir a dos candidatos, Barack Obama y John McCain, que se ganaron su nominación a pulso. No eran los favoritos. Ninguna encuesta daba un peso por ellos a nivel nacional. Y, sin embargo, montaron una estructura de campaña, lucharon, y ganaron.

¿Por qué habrían de darse por perdidos antes de empezar? ¿Por qué, si lo que están en juego son ideas sobre cómo conducir un país -y no sólo quién lo va a hacer-, aquellos aspirantes que están en desventaja deberían renunciar sin dar a conocer sus ideas?

José Miguel Insulza y Soledad Alvear en la Concertación. Las presiones sobre Evelyn Matthei y José Antonio Kast en la Alianza. Nuestros políticos hablan del cambio, pero nadie se atreve a salir con las banderas en alto, a luchar por una idea, a dar la pelea aún sabiendo que se puede perder, pero con fe en los ideales.

Uno de los famosos libros de Barack Obama se titula "La audacia de la esperanza". Algo que refleja muy bien su vida, su candidatura, y que deberían leer de una vez por todas los dirigentes que estorban el paso de aquellos que buscan competir.

OK, Trivelli es un lunático. Pero quiere hacerlo. ¿Por qué no darle un espacio? José Antonio Gómez está cada vez más solo en su lucha contra los molinos de viento. ¿Pero por qué no permitirle que luche? Los diferentes terminan saliéndose para enfrentar sus apuestas por fuera, como Alejandro Navarro o Adolfo Zaldívar. Pero tampoco dan la pelea desde dentro, porque no pueden y porque no quieren arriesgarse a perder.

El Obama chileno, venga de donde venga, deberá ganarle a los molinos gigantes, al establishment, a los que creen que dos mil millones de pesos son tres chauchas y a los que piensan que comprar acciones de una empresa después de una reunión de directorio no cae dentro del uso de información privilegiada.

Pero, por sobre todo, deberá vencer a su propio temor. Y me temo que, por ahora, sería demasiado audaz depositar una esperanza en que alguien lo hará.

Antes que eso, se aprobará una ley que elimine las elecciones. Y designe al puntero en las encuestas como el próximo Presidente. Fácil, rápido y cómodo.

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